viernes, 3 de septiembre de 2010

Por la dignidad de El Ejido

El próximo sábado 11 de septiembre, precisamente por tratarse de la fecha en que conmemoramos que El Ejido se constituyó como un municipio independiente dentro del estado de derecho español, a las 10:30 de la mañana se ha convocado una concentración en la Plaza Mayor de El Ejido con el lema "Por la dignidad de El Ejido - Juan Enciso dimisión". Todos los ejidenses estamos invitados a participar en esta manifestación pública de nuestro rechazo a la permanencia en el poder del Alcalde.

Juan Enciso Ruiz, imputado de cinco graves cargos de corrupción y en libertad bajo fianza (de 300.000 euros) tras haber pasado ocho meses en las prisiones de El Acebuche y Albolote sigue ejerciendo su cargo y se niega a dimitir como en reiteradas ocasiones le ha sido solicitado por los partidos de la oposición, por los partidos que no están representados en el Ayuntamiento y, finalmente, por la propia ciudadanía a través de las firmas recogidas por Internet y en la pitada que se produjo con motivo de su presencia en el pregón de las fiestas de San Isidro.

Una vez más, las organizaciones ciudadanas convocantes y los partidos políticos que apoyan la concentración (y que abarcan todo el espectro democrático, con la salvedad de la extrema derecha del PAL) pediremos que Juan Enciso dimita y permita que se inicie el necesario proceso de regeneración democrática en el Ayuntamiento de El Ejido. El Ejido necesita un Gobierno local capaz de gestionar la mala situación en que los implicados en la trama corrupta nos han metido. Necesitamos que el compromiso que adquieren los partidos políticos adherido a esta concentración se refleje en sus políticas futuras. Nos llena de esperanza que PP, IU, PSOE y UPyD se comprometan en pedir lo más básico para devolver a los ejidenses lo que nos ha sido robado: la dimisión de Juan Enciso. Con ello recuperaremos algo de dignidad como sociedad y podremos iniciar un proceso en el que, cada uno desde su postura ideológica, trabajemos en la recuperación de los valores democráticos en El Ejido. Eperemos que dicho compromiso se mantenga después de las próximas elecciones y se refleje en las actuacione que lleven a cabo tanto quienes gobiernen como quienes ejerzan la labor de oposición.

Pero los partidos políticos son solo una parte de quienes deben realizar esta labor. A partir de esta manifestación los ciudadanos también debemos comprometernos en el reestablecimiento de la democracia ejidense. Como ciudadanos, debemos afrontar nuestra obligaciones -que son más llevaderas entre todos- y realizar un seguimiento constante de las actuaciones y gestiones de nuestros políticos. Debemos mantener un espíritu crítico ante las mismas y, sobre todo en lo económico, desarrollar una exhaustiva vigilancia que no es otra cosa que vigilar nuestros propios intereses.

No ya solo por lo que supuestamente ha sido malversado de las arcas públicas, cuya cuantía total conoceremos definitivamente cuando se abra el sumario; sino también por las nefastas gestiones que se han llevado a cabo por la inutilidad del PAL para gestionar el Ayuntamiento de El Ejido, nuestro municipio se encuentra hundido económicamente. En el que ha sido un mal año para todos los ejidenses, estamos entre los ciudadanos que más dinero tenemos que pagar por impuestos y tasas municipales a un Ayuntamiento que, ni de lejos, cubre correctamente ni los servicios mínimos que tendríamos que recibir. Más aún, las aventuras financieras de esta Corporación nos han puesto en una situación en la que no hay banco que dé un crédito a nuestro Ayuntamiento y han subido aún más la presión fiscal sobre los ciudadanos. De entre todas las causas que empujan a resolver esta situación, siendo realistas, esta es probablemente la más perentoria, dado que si no el futuro económico de las familias ejidenses no será otro que el de la más absoluta de las ruinas.

Por nuestra dignidad, por la regeneración democrática en El Ejido, desde aquí pedimos a todos los ejidenses que acudan a la concentración del próximo sábado día 11 de septiembre a las 10:30 en la Plaza Mayor y unan sus voces para pedir la dimisión de Juan Enciso y la salida a esta crisis local.

lunes, 5 de julio de 2010

¿Por qué pedimos la dimisión de Juan Enciso Ruiz como Alcalde de El Ejido?

Este es un borrador de manifiesto que presentaremos a la asamblea vecinal para buscar el consenso entre todos los grupos y pareceres que buscamos el bien común de los ejidenses a través de la dimisión de Juan Enciso.

¿Por qué pedimos la dimisión de Juan Enciso Ruiz como Alcalde de El Ejido?

Como ciudadanos de El Ejido queremos que la gestión de los bienes y servicios comunes, nuestro Ayuntamiento, sea transparente y eficaz. Una persona imputada en cinco cargos como cohecho, malversación, blanqueo de capitales, falsedad en documento público y tráfico de influencias no da ninguna garantía de que pueda llevar a cabo esa gestión con eficacia ni transparencia.

Dado que todavía está por realizarse el juicio por esos cargos que se le imputan, debemos partir de la presunción de inocencia en todos y cada uno de los cargos. En caso de que, efectivamente, Juan Enciso sea inocente y no un criminal, lo que sí podemos deducir es que es una persona incapaz de gestionar adecuadamente el Ayuntamiento ejidense, dado que, como dicen sus defensores, es fácil de engañar o manipular. Si los delincuentes le han utilizado en el pasado para secuestrar nuestro Ayuntamiento, impidiendo esa transparencia y esa gestión eficiente, además de para esquilmar las cuentas públicas, en detrimento además de los servicios que deberíamos recibir como ciudadanos y que no existen, ¿quién nos garantiza que no vuelva a suceder?

Así pues, en el caso de que Juan Enciso Ruiz sea inocente de los cargos que se le imputan, pedimos su dimisión por incompetencia manifiesta y por su incapacidad para ejercer un cargo público así como para delegar la confianza que los habitantes de El Ejido depositamos en él en nadie.

Más aún, por las cosas que hemos podido saber en los levantamientos parciales del secreto de sumario, aparte de por la trayectoria que los gobiernos de Juan Enciso han tenido desde 1991 hasta hoy, tanto en el PAL como en el PP, sabemos que su labor política es un lastre para el desarrollo de El Ejido, una ciudad con un potencial enorme –el de la capacidad de trabajo de todos sus ciudadanos- que está siendo dilapidado en aventuras políticas y económicas que son, cuando menos, surrealistas, y cuando más, sospechosas. Estas sospechas justifican la opción de contemplar no solo su inocencia, sino también su culpabilidad. Si Juan Enciso Ruiz es culpable de uno solo de los delitos que se le imputan, tanto él como todos aquellos que, sabiéndolo, han intentado defenderlo y justificarlo –y no hablamos de su abogado, ya que este solo hace su trabajo-, son culpables de algo muchísimo peor.

Como bien señaló el amigo Mikel Azurmendi en el pregón de las fiestas de San Isidro, el cargo público que delinque no solo hace mal, sino que “además de que hace mal, traiciona la confianza puesta en él”. Y las consecuencias que habrá de pagar por ello serán de tres tipos: por un lado las penales, que se dirimirán cuando el juicio se resuelva, pero por otro, más importantes que la pena que pueda establecer un sistema judicial abstracto y ajeno, están las consecuencias políticas y sociales que tendrá que pagar Juan Enciso a todos sus vecinos, los amigos y los que no, ya que somos todos nosotros los que le hemos elegido como representante del pueblo y sería a todos nosotros a quienes habría traicionado con sus delitos.

Si Juan Enciso es culpable, haber traicionado nuestra confianza no será un delito penal, pero sí lo será social y político, y los vecinos de El Ejido se lo haremos pagar, el político en las urnas y el social con el desprecio que se merece quien se comporta así. Si es culpable, cuanto antes dimita más fácil nos será reconocerle que, por lo menos, aunque haya delinquido sí que siente algún respeto por sus convecinos, al dejar de intentar engañarnos.

Los ciudadanos de El Ejido no pedimos siquiera explicaciones, no pedimos resarcimiento ninguno: si es inocente le reconoceremos sus aciertos pero también le recordaremos que son sus errores los que nos han llevado a esta situación, y si es culpable le agradeceremos que con su dimisión haya dejado de intentar engañarnos.

Así pues, con el único fin de acabar con esta situación absurda, y como solución común tanto en caso de inocencia como de culpabilidad, pedimos la dimisión como Alcalde de El Ejido de Juan Enciso Ruiz.

miércoles, 30 de junio de 2010

¡Llama a las cosas por su nombre!

El Concejal de Turismo, José Lázaro, se ha gastado nuestro dinero en una campaña para lavarse la cara ante los comerciantes ejidenses tras la apertura de El Corte Inglés. Pero aparte de haberle estafado con una engañifa de monigote, le han dejado el trabajo incompleto y no le han puesto ni nombre.
Sinceramente, preferiría saber que no han pagado nada por ello y que lo ha hecho alguno de los del gabinete de prensa en su taller de terapia ocupacional, lo cual explicaría las opciones de nombre que da la web del Ayuntamiento para que los ciudadanos "votemos".

Como siempre, el Ayuntamiento se aleja de la democracia real e intenta que no expresemos nuestro verdadero parecer sobre el muñeco reflejándolo en su nombre, solo nos deja elegir entre estas opciones a cada cual peor:




Por eso desde aquí queremos aprovechar que Internet nos da voz a todos para que cada uno le llame como realmente crea que se debería de llamar. Estamos seguros de que será una opción mucho más votada que la de la web del Ayuntamiento, así que será la legítima. Por nuestra parte, con esos ojos saltones, esa bocaza de comer arroz con bogavante, ese color de ogro, esa nariz tan chata y esas manos tan largas, proponemos que se llame DIMISIONCETE.

¡Esperamos vuestras propuestas o vuestro apoyo!

miércoles, 23 de junio de 2010

Programa de las Fiestas en honor a San Isidro

Miércoles 23 de junio
- Antes de las 21:00 h, en la Plaza Mayor, PITADA DE RECHAZO a Juan Enciso Ruiz. Se pedirá su dimisión como Alcalde de El Ejido por el caso llamado "Operación Poniente". Si es culpable, por razones obvias, y si es inocente, por haber sido tan inútil y permitido el expolio de las arcas públicas. En cualquier caso, el pueblo de El Ejido no quiere que sea él quien le gobierne y de aquí hasta que se vaya no habrá ni un día sin que se lo recordemos. Su prevista aparición en público en los eventos relacionados con las fiestas patronales ha de entenderse como un empeño personal en humillar el honor de El Ejido y su santo patrón quien ha confirmado que, durante la procesión, será el primero que vaya dándole la espalda.
- A las 21:00 h, en la Plaza Mayor, lectura del pregón de las fiestas por el ex etarra amenazado por ETA, sociólogo repudiado por los sociólogos y ponente de la FAES aceptado de pleno por los simpatizantes de tal organización, Mikel Azurmendi. Los méritos para que sea tan insigne personaje quien cobre de nuestro dinero por leer el pregón hay que buscarlos más allá del lamentable opúsculo "Estampas de El Ejido", un libro que debe de llenar de orgullo a todo aquel que quiera sentirse orgulloso de pertenecer al grupo de los más grandes garrulos fascistas de la Historia; en realidad tiene mucho más que ver con nuestra tierra de lo que pueda parecer en un principio: su hijo el pintor ha sabido captar tan bien la luz y la vida de la baja alpujarra que los cuadros en sus exposiciones se vendían como si no hubiera un mañana. Y los compraba Juan Enciso como si en ese mañana (hoy) no se fuera a saber. Durante la lectura del pregón se pide al público respeto por el insigne Azurmendi y silencio.
- Después del pregón: retomaremos la pitada en el mismo punto en que lo hubiésemos dejado.
Nota informativa de importancia: Se cuenta con la presencia de policía antidisturbios durante el pregón en la Plaza Mayor, lo cual debería garantizar que todos aquellos que nos concentremos allí salgamos ilesos y sin agresiones por parte de ningún familiar o partidario de presuntos delincuentes como el Alcalde. En cualquier caso es recomendable grabar todo lo que suceda. Si no pasa nada, como recuerdo de una magnífica expresión colectiva de honor ejidense y si pasa algo, para poder presentar las pertinentes denuncias.
- Se convoca también a todos aquellos ejidenses que deseen expresar su rechazo por Juan Enciso y pedir su dimisión a encender una hoguera en la playa esta noche.
Domingo 27 de junio
- A las 20:00 comienza la procesión en honor a San Isidro. Fuentes del Ayuntamiento han amenazado con que Juan Enciso Ruiz intentará llenarlas de ignominia con su presencia, ensuciando y humillando el honor de San Isidro y sus devotos ejidenses. Recordemos que San Isidro fue labrador, pobre como un santo, fiel a Santa María de la Cabeza (de la Cabeza sin cuernos, hemos de subrayar), que no se iba de putas y que, cuando se le moría una burra, le daba cristiana sepultura como es debido. Por ello mismo entendemos la postura que la advocación nos ha confesado mantendrá ante la presencia del presunto munícipe chorizo: irá todo el camino dándole la espalda.
Asimismo convocamos a todos los vecinos que entiendan la afrenta que para San Isidro y para El Ejido supone la presencia de Juan Enciso en la procesión, que le den la espalda, dándose la vuelta a su paso. Esperemos que haya Policía presente también en la procesión porque ya sabemos que ni él ni su ralea se detendrían de agredir a nadie por mucho santo patrón que haya delante.
Suponemos que como son días festivos y de múltiples actividades, habrá otras muchas, menos solemnes, de las que también podremos participar todos los ciudadanos honrados de El Ejido. Os recordamos que el presupuesto de las Fiestas este año ronda los 600.000 euros (300.000 y pico en las fiestas y otros 300.000 para que Juan Enciso pueda estar presente en todas las actividades programadas).
¡Viva San Isidro!

jueves, 17 de junio de 2010

Dale la espalda

Ha nacido en Facebook una campaña para mostrar a Juan Enciso el rechazo de los ciudadanos de El Ejido. Desde Regeneración Democrática queremos apoyarla y ayudarles a difundirla.
Si no quieres que te confundan con uno de esos a los que no le importa que su Ayuntamiento lo dirija un presunto delincuente imputado en cinco delitos como el cohecho y el blanqueo de dinero, DALE LA ESPALDA.


martes, 15 de junio de 2010

Un presunto delincuente a la espera de juicio anda suelto por El Ejido

La noticia que pronto os llegará manipulada es que el alcalde de El Ejido imputado a la espera del juicio que determine la condena que ha de cumplir está de vuelta en la calle. Os dirán que ha salido libre, os dirán que es inocente, intentarán que os lo comáis untadito en chocolate. Pero ya hemos visto en todos estos años la verdad que hay detrás de Enciso, de sus gobiernos tanto del PP como del PAL. También hemos visto en los últimos meses de qué pie cojea cada grupo "político" en El Ejido.

Solo esperamos que la presencia de este presunto cabecilla criminal no amilane a los que se han estado jugando mucho (incluso la integridad física, dado la habilidad dialéctica de sus acólitos) y que han estado sufriendo acosos y espionajes ilegales. Nosotros hemos sufrido eso y pensamos seguir denunciando cuanta ilegalidad observemos. Cuanta falta de ética veamos. En eso apoyamos y esperamos contar con el apoyo de todas las víctimas de la trama criminal que nos ha robado: todos los ciudadanos de El Ejido.

Hasta que la justicia le inhabilite, como muy probablemente suceda, solo podemos recomendar contra ellos con todas las armas legales, que ellos no dominan: con la inteligencia, con el humor, y con el ostracismo político. No deben estar en el juego democrático quienes no son democráticos ni han condenado ni hecho nada por evitar el esquilmamiento del erario público ejidense.

Nadie que no quiera que le roben va a votar al PAL, ni a ninguno de esos partidos que en un momento u otro no han dejado de apoyarles, de darles fuerza y de asociarse con ellos ideológicamente.

domingo, 2 de mayo de 2010

El error Berenguel

No, no es una errata. Es probable que en los libros futuros de historia de El Ejido seencuentre un capítulo con el mismo título que este artículo. El buen lector, que es el cauteloso y alerta, habrá advertido que en esa expresión el señor Berenguel no es el sujeto del error, sino el objeto. No se dice que el error sea de Berenguel, sino más bien lo
contrario -que Berenguel es del error, que Berenguel es un error-. Son otros, pues, quienes lo han cometido y cometen; otros toda una porción de El Ejido, aunque, a mi juicio, no muy grande. Por ello trasciende ese error los límites de la equivocación individual y quedará inscrito en la historia de nuestro país.

Estos párrafos pretenden dibujar, con los menos aspavientos posibles, en qué consiste desliz tan importante, tan histórico. Para esto necesitamos proceder magnánimamente, acomodando el aparato ocular a lo esencial y cuantioso, retrayendo la vista de toda cuestión personal y de detalle. Por eso, yo voy a suponer aquí que ni el Alcalde en funciones ni ninguno de sus concejales han cometido error alguno en su actuación concreta y particular. Después de todo, no está esto muy lejos de la pura verdad. Esos hombres no habrán hecho ninguna cosa positiva de grueso calibre; pero es justo reconocer que han ejecutado pocas indiscreciones. Algunos de ellos han hecho más. El señor Berenguel, por ejemplo, ha conseguido lo que parecía imposible: que a estas fechas la situación de los obreros de ELSUR no se haya convertido en un conflicto grave. Es mucho menos fácil de lo que la gente puede suponer que exista, rebus sic stantibus, y dentro del régimen actual, otra persona, sea cual fuere, que hubiera podido lograr tan inverosímil cosa. Las llamadas «derechas» no se lo agradecen porque la especie humana es demasiado estúpida para agradecer que alguien le evite una en fermedad. Es preciso que la enfermedad llegue, que el ciudadano se retuerza de dolor y de angustia: entonces siente «generosamente» exquisita gratitud hacia quien le quita le enfermedad que le ha martirizado. Pero así, en seco, sin martirio previo, el hombre, sobre todo el feliz hombre de la «derecha», es profundamente ingrato.

Es probable también que la labor del señor Viseras para retener la ruina de la agricultura merezca un especial aplauso. Pero, sin que yo lo ponga en duda, no estoy tan seguro como de lo anterior, porque entiendo muy poco de materias económicas, y eso poquísimo que entiendo me hace disentir de la opinión general, que concede tanta importancia al problema de nuestro campo. Creo que, por desgracia, no es la agricultura lo que constituye el problema verdaderamente grave, catastrófico y sustancial de la economía española -nótese bien, de la española-. Pero, repito, estoy dispuesto a suponer lo contrario y que el Sr. Viseras ha sido el Cid del tomate. Tanto mejor para El Ejido, y tanto mejor para lo que voy a decir, pues cuantos menos errores haya cometido este Gobierno, tanto me jor se verá el error que es.

Un Gobierno es, ante todo, la política que viene a presentar. En nuestro caso se trata de una política sencillísima. Es un monomio. Se reduce a un tema. Cien veces lo ha repetido el señor Berenguel. La política de este Gobierno consiste en cumplir la resolución adoptada por el PAL de volver a la normalidad por los medios normales. Aunque la cosa es clara como «¡buenos días!», conviene que el lector se fije. El fin de la política es la normalidad. Sus medios son... los normales.

Yo no recuerdo haber oído hablar nunca de una política más sencilla que ésta. Esta vez, el Poder público, el Régimen, se ha hartado de ser sencillo. Bien. Pero ¿a qué hechos, a qué situación de la vida pública responde el Régimen con una política tan simple y unicelular? ¡Ah!, eso todos lo sabemos. La situación histórica a que tal política responde era también muy sencilla. Era ésta: El Ejido, un municipio de sobre noventa mil habitantes, que venía ya de antiguo arrastrando una existencia política bastante poco normal, ha sufrido durante diecinueve años un régimen de absoluta anormalidad en el Poder público, el cual ha usado medios de tal modo anormales, que
nadie, así, de pronto, podrá recordar haber sido usados nunca ni dentro ni fuera de España, ni en este ni en cualquier otro siglo. Lo cual anda muy lejos de ser una frase. Desde mi rincón sigo estupefacto ante el hecho de que todavía ningún sabedor de historia jurídica se haya ocupado en hacer notar a los ejidenses minuciosamente y con pruebas exuberantes esta estricta verdad: que no es imposible, pero sí sumamente difícil, hablando en serio y con todo rigor, encontrar un régimen de Poder público como el que ha sido de hecho nuestro Gobierno del PAL en todo al ámbito de la historia, incluyendo los pueblos salvajes. Sólo el que tiene una idea completamente errónea de lo que son los pueblos salvajes puede ignorar que la situación de derecho público en que hemos vivido es
más salvaje todavía, y no sólo es anormal con respecto a El Ejido y al siglo XX, sino que posee el rango de una insólita anormalidad en la historia humana. Hay quien cree poder controvertir esto sin más que hacer constar el hecho de que el Gobierno del PAL no ha matado; pero eso, precisamente eso -creer que el derecho se reduce a no asesinar-, es una idea del derecho inferior a la que han solido tener los pueblos salvajes.

El Gobierno del PAL ha sido un poder omnímodo y sin límites, que no sólo ha operado sin ley ni responsabilidad, sin norma no ya establecida, pero ni aun conocida, sino que no se ha circunscrito a la órbita de lo público, antes bien ha penetrado en el orden privadísimo brutal y soezmente. Colmo de todo ello es que no se ha contentado con mandar a pleno y frenético arbitrio, «sino que aún le ha sobrado holgura de Poder para insultar líricamente a personas y cosas colectivas e individuales. No hay punto de la vida ejidense en que el Gobierno del PAL no haya puesto su innoble mano de sayón. Esa mano ha hecho saltar las puertas de las cajas de los Bancos, y esa misma mano, de paso, se ha entretenido en escribir todo género de opiniones estultísimas, hasta sobre la literatura que los poetas ejidenses. Claro que esto último no es de importancia sustantiva, entre otras cosas porque a los poetas los traían sin cuidado las opiniones literarias de los munícipes y sus criados; pero lo cito precisamente como un colmo para que conste y recuerde y simbolice la abracadabrante y sin par situación por que hemos pasado. Yo ahora no pretendo agitar la opinión, sino, al contrario, definir y razonar, que es mi primario deber y oficio. Por eso eludo recordar aquí, con sus espeluznantes pelos y señales, los actos más graves del Gobierno del PAL. Quiero, muy deliberadamente, evitar lo patético. Aspiro hoy a persuadir y no a conmover. Pero he tenido que evocar con un mínimum de evidencia lo que el Gobierno del PAL fue. Hoy parece un cuento. Yo necesitaba recordar que no es un cuento, sino que fue un hecho.

Y que a ese hecho responde el Régimen con el Gobierno Berenguel, cuya política significa: volvamos tranquilamente a la normalidad por los medios más normales, hagamos «como si» aquí no hubiese pasado nada radicalmente nuevo, sustancialmente anormal.

Eso, eso es todo lo que el Régimen puede ofrecer, en este momento tan difícil para Europa entera, a los noventa mil hombres ya maltraídos de antiguo, después de haberlos vejado, pisoteado, envilecido y esquilmado durante diecinueve años. Y, no obstante, pretende, impávido, seguir al frente de los destinos históricos de esos ejidenses y
de este El Ejido.

Pero no es eso lo peor. Lo peor son los motivos por los que cree poderse contentar con ofrecer tan insolente ficción. El Estado tradicional, es decir, la Democracia, se ha ido formando un surtido de ideas sobre el modo de ser de los ejidenses. Piensa, por ejemplo, que moralmente pertenecen a la familia de los óvidos, que en política son gente mansurrona y lanar, que lo aguantan y lo sufren todo sin rechistar, que no tienen sentido de los deberes civiles, que son informales, que a las cuestiones de derecho y, en general, públicas, presentan una epidermis córnea. Como mi única misión en esta vida es decir lo que creo verdad, -y, por supuesto, desdecirme tan pronto como alguien me demuestre que padecía equivocación-, no puedo ocultar que esas ideas sociológicas sobre el español tenidas por su Estado son, en dosis considerable, ciertas. Bien está, pues, que la Democracia piense eso, que lo sepa y cuente con ello; pero es intolerable que se prevalga de ello. Cuanta mayor verdad sean, razón de más para que la Democrácia, responsable ante el Altísimo de nuestros últimos destinos históricos, se hubiese extenuado, hora por hora, en corregir tales defectos, excitando la vitalidad política persiguiendo cuanto fomentase su modorra moral y su propensión lanuda. No obstante, ha hecho todo lo contrario. Desde 1981, la Democracia no ha hecho más que especular sobre los vicios ejidenses, y su política ha consistido en aprovecharlos para su exclusiva comodidad.

La frase que en los edificios de la administración ejidense se ha repetido más veces ésta: «¡En El Ejido no pasa nada!» La cosa es repugnante, repugnante como para vomitar entera la historia española de los últimos cien años; pero nadie honradamente podrá negar que la frecuencia de esa frase es unhecho. He aquí los motivos por los cuales el Régimen ha creído posible también en esta ocasión superlativa responder, no más que decretando esta ficción: Aquí no ha pasado nada. Esta ficción es el Gobierno Berenguel. Pero esta vez se ha equivocado. Se trataba de dar largas. Se contaba con que pocos meses de gobierno emoliente bastarían para hacer olvidar a la amnesia murgitana de los diecinueve años de Gobierno del PAL. Por otra parte, del anuncio de elecciones se esperaba mucho. Entre las ideas sociológicas, nada equivocadas, que sobre El Ejido posee el Régimen actual, está esa de que los ejidenses se compran con actas. Por eso ha usado siempre los comicios -función suprema y como sacramental de la convivencia civil- con instintos simonianos. Desde que mi generación asiste a la vida pública no ha visto en el Estado otro comportamiento que esa especulación sobre los vicios nacionales. Ese comportamiento se llama en latín y en buen castellano: indecencia, indecoro. El Estado en vez de ser inexorable educador de nuestra raza desmoralizada, no ha hecho más que arrellanarse en la indecencia municipal.
Pero esta vez se ha equivocado. Este es el error Berenguel. Al cabo de seis meses, la opinión pública está menos resuelta que nunca a olvidar la «gran vilt`» que fue el Gobierno del PAL. El Régimen sigue solitario, acordonado como leproso en lazareto. No hay un hombre hábil que quiera acercarse a él; actas, carteras, promesas -las cuentas de vidrio perpetuas-, no han servido esta vez de nada. Al contrario: esta última ficción colma el vaso. La reacción indignada de El Ejido empieza ahora, precisamente ahora, y no hace seis meses. El Ejido se toma siempre tiempo, el suyo.

Y no vale oponer a lo dicho que el advenimiento de la corrupción fue inevitable y, en consecuencia, irresponsable. No discutamos ahora las causas de la corrupción. Ya hablaremos de ellas otro día, porque, en verdad, está aún hoy el asunto aproximadamente intacto. Para el razonamiento presentado antes la cuestión es indiferente. Supongamos un instante que el advenimiento de la corrupción fue inevitable. Pero esto, ni que decir tiene, no vela lo más mínimo el hecho de que sus actos después de advenir fueron una creciente y monumental injuria, un crimen de lesa patria, de lesa historia, de lesa dignidad pública y privada. Por tanto, si el Régimen la aceptó obligado, razón de más para que al terminar se hubiese dicho: Hemos padecido una incalculable desdicha. La normalidad que constituía la unión civil de los ejidenses se ha roto. La continuidad de la historia legal se ha quebrado. No existe el Municipio ejidense. ¡Ejidenses: reconstruid vuestro Municipio!

Pero no ha hecho esto, que era lo congruente con la desastrosa situación, sino todo lo contrario. Quiere una vez más salir del paso, como si los noventa mil ejidenses estuviésemos ahí para que él saliese del paso. Busca a alguien que se encargue de la ficción, que realice la política del «aquí no ha pasado nada». Encuentra sólo un asesor amnistiado. Este es el error Berenguel de que la historia hablará.

Y como es irremediablemente un error, somos nosotros, y no el Régimen mismo; nosotros gente de la calle, de tres al cuarto y nada revolucionarios, quienes tenemos que decir a nuestro conciudadanos: ¡Ejidenses, vuestro Municipio no existe! ¡Reconstruidlo!

Delenda est Alcaldía.- Regeneración Democrática

Con admiración y respeto a D. José Ortega y Gasset, El error Berenguer (El Sol, 15/XI/30)