martes, 15 de junio de 2010
Un presunto delincuente a la espera de juicio anda suelto por El Ejido
Solo esperamos que la presencia de este presunto cabecilla criminal no amilane a los que se han estado jugando mucho (incluso la integridad física, dado la habilidad dialéctica de sus acólitos) y que han estado sufriendo acosos y espionajes ilegales. Nosotros hemos sufrido eso y pensamos seguir denunciando cuanta ilegalidad observemos. Cuanta falta de ética veamos. En eso apoyamos y esperamos contar con el apoyo de todas las víctimas de la trama criminal que nos ha robado: todos los ciudadanos de El Ejido.
Hasta que la justicia le inhabilite, como muy probablemente suceda, solo podemos recomendar contra ellos con todas las armas legales, que ellos no dominan: con la inteligencia, con el humor, y con el ostracismo político. No deben estar en el juego democrático quienes no son democráticos ni han condenado ni hecho nada por evitar el esquilmamiento del erario público ejidense.
Nadie que no quiera que le roben va a votar al PAL, ni a ninguno de esos partidos que en un momento u otro no han dejado de apoyarles, de darles fuerza y de asociarse con ellos ideológicamente.
domingo, 2 de mayo de 2010
El error Berenguel
contrario -que Berenguel es del error, que Berenguel es un error-. Son otros, pues, quienes lo han cometido y cometen; otros toda una porción de El Ejido, aunque, a mi juicio, no muy grande. Por ello trasciende ese error los límites de la equivocación individual y quedará inscrito en la historia de nuestro país.
Estos párrafos pretenden dibujar, con los menos aspavientos posibles, en qué consiste desliz tan importante, tan histórico. Para esto necesitamos proceder magnánimamente, acomodando el aparato ocular a lo esencial y cuantioso, retrayendo la vista de toda cuestión personal y de detalle. Por eso, yo voy a suponer aquí que ni el Alcalde en funciones ni ninguno de sus concejales han cometido error alguno en su actuación concreta y particular. Después de todo, no está esto muy lejos de la pura verdad. Esos hombres no habrán hecho ninguna cosa positiva de grueso calibre; pero es justo reconocer que han ejecutado pocas indiscreciones. Algunos de ellos han hecho más. El señor Berenguel, por ejemplo, ha conseguido lo que parecía imposible: que a estas fechas la situación de los obreros de ELSUR no se haya convertido en un conflicto grave. Es mucho menos fácil de lo que la gente puede suponer que exista, rebus sic stantibus, y dentro del régimen actual, otra persona, sea cual fuere, que hubiera podido lograr tan inverosímil cosa. Las llamadas «derechas» no se lo agradecen porque la especie humana es demasiado estúpida para agradecer que alguien le evite una en fermedad. Es preciso que la enfermedad llegue, que el ciudadano se retuerza de dolor y de angustia: entonces siente «generosamente» exquisita gratitud hacia quien le quita le enfermedad que le ha martirizado. Pero así, en seco, sin martirio previo, el hombre, sobre todo el feliz hombre de la «derecha», es profundamente ingrato.
Es probable también que la labor del señor Viseras para retener la ruina de la agricultura merezca un especial aplauso. Pero, sin que yo lo ponga en duda, no estoy tan seguro como de lo anterior, porque entiendo muy poco de materias económicas, y eso poquísimo que entiendo me hace disentir de la opinión general, que concede tanta importancia al problema de nuestro campo. Creo que, por desgracia, no es la agricultura lo que constituye el problema verdaderamente grave, catastrófico y sustancial de la economía española -nótese bien, de la española-. Pero, repito, estoy dispuesto a suponer lo contrario y que el Sr. Viseras ha sido el Cid del tomate. Tanto mejor para El Ejido, y tanto mejor para lo que voy a decir, pues cuantos menos errores haya cometido este Gobierno, tanto me jor se verá el error que es.
Un Gobierno es, ante todo, la política que viene a presentar. En nuestro caso se trata de una política sencillísima. Es un monomio. Se reduce a un tema. Cien veces lo ha repetido el señor Berenguel. La política de este Gobierno consiste en cumplir la resolución adoptada por el PAL de volver a la normalidad por los medios normales. Aunque la cosa es clara como «¡buenos días!», conviene que el lector se fije. El fin de la política es la normalidad. Sus medios son... los normales.
Yo no recuerdo haber oído hablar nunca de una política más sencilla que ésta. Esta vez, el Poder público, el Régimen, se ha hartado de ser sencillo. Bien. Pero ¿a qué hechos, a qué situación de la vida pública responde el Régimen con una política tan simple y unicelular? ¡Ah!, eso todos lo sabemos. La situación histórica a que tal política responde era también muy sencilla. Era ésta: El Ejido, un municipio de sobre noventa mil habitantes, que venía ya de antiguo arrastrando una existencia política bastante poco normal, ha sufrido durante diecinueve años un régimen de absoluta anormalidad en el Poder público, el cual ha usado medios de tal modo anormales, que
nadie, así, de pronto, podrá recordar haber sido usados nunca ni dentro ni fuera de España, ni en este ni en cualquier otro siglo. Lo cual anda muy lejos de ser una frase. Desde mi rincón sigo estupefacto ante el hecho de que todavía ningún sabedor de historia jurídica se haya ocupado en hacer notar a los ejidenses minuciosamente y con pruebas exuberantes esta estricta verdad: que no es imposible, pero sí sumamente difícil, hablando en serio y con todo rigor, encontrar un régimen de Poder público como el que ha sido de hecho nuestro Gobierno del PAL en todo al ámbito de la historia, incluyendo los pueblos salvajes. Sólo el que tiene una idea completamente errónea de lo que son los pueblos salvajes puede ignorar que la situación de derecho público en que hemos vivido es
más salvaje todavía, y no sólo es anormal con respecto a El Ejido y al siglo XX, sino que posee el rango de una insólita anormalidad en la historia humana. Hay quien cree poder controvertir esto sin más que hacer constar el hecho de que el Gobierno del PAL no ha matado; pero eso, precisamente eso -creer que el derecho se reduce a no asesinar-, es una idea del derecho inferior a la que han solido tener los pueblos salvajes.
El Gobierno del PAL ha sido un poder omnímodo y sin límites, que no sólo ha operado sin ley ni responsabilidad, sin norma no ya establecida, pero ni aun conocida, sino que no se ha circunscrito a la órbita de lo público, antes bien ha penetrado en el orden privadísimo brutal y soezmente. Colmo de todo ello es que no se ha contentado con mandar a pleno y frenético arbitrio, «sino que aún le ha sobrado holgura de Poder para insultar líricamente a personas y cosas colectivas e individuales. No hay punto de la vida ejidense en que el Gobierno del PAL no haya puesto su innoble mano de sayón. Esa mano ha hecho saltar las puertas de las cajas de los Bancos, y esa misma mano, de paso, se ha entretenido en escribir todo género de opiniones estultísimas, hasta sobre la literatura que los poetas ejidenses. Claro que esto último no es de importancia sustantiva, entre otras cosas porque a los poetas los traían sin cuidado las opiniones literarias de los munícipes y sus criados; pero lo cito precisamente como un colmo para que conste y recuerde y simbolice la abracadabrante y sin par situación por que hemos pasado. Yo ahora no pretendo agitar la opinión, sino, al contrario, definir y razonar, que es mi primario deber y oficio. Por eso eludo recordar aquí, con sus espeluznantes pelos y señales, los actos más graves del Gobierno del PAL. Quiero, muy deliberadamente, evitar lo patético. Aspiro hoy a persuadir y no a conmover. Pero he tenido que evocar con un mínimum de evidencia lo que el Gobierno del PAL fue. Hoy parece un cuento. Yo necesitaba recordar que no es un cuento, sino que fue un hecho.
Y que a ese hecho responde el Régimen con el Gobierno Berenguel, cuya política significa: volvamos tranquilamente a la normalidad por los medios más normales, hagamos «como si» aquí no hubiese pasado nada radicalmente nuevo, sustancialmente anormal.
Eso, eso es todo lo que el Régimen puede ofrecer, en este momento tan difícil para Europa entera, a los noventa mil hombres ya maltraídos de antiguo, después de haberlos vejado, pisoteado, envilecido y esquilmado durante diecinueve años. Y, no obstante, pretende, impávido, seguir al frente de los destinos históricos de esos ejidenses y
de este El Ejido.
Pero no es eso lo peor. Lo peor son los motivos por los que cree poderse contentar con ofrecer tan insolente ficción. El Estado tradicional, es decir, la Democracia, se ha ido formando un surtido de ideas sobre el modo de ser de los ejidenses. Piensa, por ejemplo, que moralmente pertenecen a la familia de los óvidos, que en política son gente mansurrona y lanar, que lo aguantan y lo sufren todo sin rechistar, que no tienen sentido de los deberes civiles, que son informales, que a las cuestiones de derecho y, en general, públicas, presentan una epidermis córnea. Como mi única misión en esta vida es decir lo que creo verdad, -y, por supuesto, desdecirme tan pronto como alguien me demuestre que padecía equivocación-, no puedo ocultar que esas ideas sociológicas sobre el español tenidas por su Estado son, en dosis considerable, ciertas. Bien está, pues, que la Democracia piense eso, que lo sepa y cuente con ello; pero es intolerable que se prevalga de ello. Cuanta mayor verdad sean, razón de más para que la Democrácia, responsable ante el Altísimo de nuestros últimos destinos históricos, se hubiese extenuado, hora por hora, en corregir tales defectos, excitando la vitalidad política persiguiendo cuanto fomentase su modorra moral y su propensión lanuda. No obstante, ha hecho todo lo contrario. Desde 1981, la Democracia no ha hecho más que especular sobre los vicios ejidenses, y su política ha consistido en aprovecharlos para su exclusiva comodidad.
La frase que en los edificios de la administración ejidense se ha repetido más veces ésta: «¡En El Ejido no pasa nada!» La cosa es repugnante, repugnante como para vomitar entera la historia española de los últimos cien años; pero nadie honradamente podrá negar que la frecuencia de esa frase es unhecho. He aquí los motivos por los cuales el Régimen ha creído posible también en esta ocasión superlativa responder, no más que decretando esta ficción: Aquí no ha pasado nada. Esta ficción es el Gobierno Berenguel. Pero esta vez se ha equivocado. Se trataba de dar largas. Se contaba con que pocos meses de gobierno emoliente bastarían para hacer olvidar a la amnesia murgitana de los diecinueve años de Gobierno del PAL. Por otra parte, del anuncio de elecciones se esperaba mucho. Entre las ideas sociológicas, nada equivocadas, que sobre El Ejido posee el Régimen actual, está esa de que los ejidenses se compran con actas. Por eso ha usado siempre los comicios -función suprema y como sacramental de la convivencia civil- con instintos simonianos. Desde que mi generación asiste a la vida pública no ha visto en el Estado otro comportamiento que esa especulación sobre los vicios nacionales. Ese comportamiento se llama en latín y en buen castellano: indecencia, indecoro. El Estado en vez de ser inexorable educador de nuestra raza desmoralizada, no ha hecho más que arrellanarse en la indecencia municipal.
Pero esta vez se ha equivocado. Este es el error Berenguel. Al cabo de seis meses, la opinión pública está menos resuelta que nunca a olvidar la «gran vilt`» que fue el Gobierno del PAL. El Régimen sigue solitario, acordonado como leproso en lazareto. No hay un hombre hábil que quiera acercarse a él; actas, carteras, promesas -las cuentas de vidrio perpetuas-, no han servido esta vez de nada. Al contrario: esta última ficción colma el vaso. La reacción indignada de El Ejido empieza ahora, precisamente ahora, y no hace seis meses. El Ejido se toma siempre tiempo, el suyo.
Y no vale oponer a lo dicho que el advenimiento de la corrupción fue inevitable y, en consecuencia, irresponsable. No discutamos ahora las causas de la corrupción. Ya hablaremos de ellas otro día, porque, en verdad, está aún hoy el asunto aproximadamente intacto. Para el razonamiento presentado antes la cuestión es indiferente. Supongamos un instante que el advenimiento de la corrupción fue inevitable. Pero esto, ni que decir tiene, no vela lo más mínimo el hecho de que sus actos después de advenir fueron una creciente y monumental injuria, un crimen de lesa patria, de lesa historia, de lesa dignidad pública y privada. Por tanto, si el Régimen la aceptó obligado, razón de más para que al terminar se hubiese dicho: Hemos padecido una incalculable desdicha. La normalidad que constituía la unión civil de los ejidenses se ha roto. La continuidad de la historia legal se ha quebrado. No existe el Municipio ejidense. ¡Ejidenses: reconstruid vuestro Municipio!
Pero no ha hecho esto, que era lo congruente con la desastrosa situación, sino todo lo contrario. Quiere una vez más salir del paso, como si los noventa mil ejidenses estuviésemos ahí para que él saliese del paso. Busca a alguien que se encargue de la ficción, que realice la política del «aquí no ha pasado nada». Encuentra sólo un asesor amnistiado. Este es el error Berenguel de que la historia hablará.
Y como es irremediablemente un error, somos nosotros, y no el Régimen mismo; nosotros gente de la calle, de tres al cuarto y nada revolucionarios, quienes tenemos que decir a nuestro conciudadanos: ¡Ejidenses, vuestro Municipio no existe! ¡Reconstruidlo!
Delenda est Alcaldía.- Regeneración Democrática
Con admiración y respeto a D. José Ortega y Gasset, El error Berenguer (El Sol, 15/XI/30)
martes, 20 de abril de 2010
¡¡Viva San Marcos!!

2. La carroza de las cuentas públicas.

5. Fantasía de arroz con bogavante. ¿Qué coño habas y tocino? ¡El arroz con bogavante queremos probarlo todos! Vale, este no es barato, pero eso no os lo planteábais cuando os poníais jabatos en La Costa...
6. La Carroza de las Reinonas. Para que nuestro ideólogo favorito se dé un gustazo (o varios). Ya sabéis que para lo que le queda en el convento...
¿A que no le encontráis con el disfraz?lunes, 19 de abril de 2010
Añez, el Corto. 2ª parte
viernes, 16 de abril de 2010
Añez, el Corto. 1ª parte.
Tras la imputación del Alcalde en funciones, Ignacio Berenguel, en el caso conocido como Operación Poniente, siendo un ejidense orgulloso de serlo como soy, me veía a mí mismo enumerando los récords que ha batido nuestra localidad en su breve historia democrática: hemos tenido la renta per cápita más alta, hemos tenido más oficinas bancarias por habitante que nadie, hemos tenido más prostíbulos por habitante que nadie y ahora, además, no solo íbamos a tener un Alcalde en prisión por corrupción -eso, cualquiera-, sino que vamos a ser el primer municipio en tener dos.
Y ya sabéis que donde caben dos, caben tres. Si cabían tres Alcaldes en el despacho, supongo que en una celda también pueden caber los tres. Esa es la confianza que me inspiran los actuales titulares del poder local en El Ejido.
En el caso que nos ocupa, el tercer ¿hombre? que ostenta la concejalía de Alcaldía en el ayuntamiento, ha vuelto a demostrar que está a la altura de sus dos compinches, al menos en lo que a comprensión lectora y capacidad intelectual se refiere. Podemos leer hoy, tras su rueda de prensa de ayer, en sitios como Ideal que sigue sin saber de qué se acusa a Juan Enciso. Pues se lo volveremos a decir -aunque la próxima vez ya le ponemos dibujitos-, porque eso sí que no nos cuesta dinero (el tiempo que tarde él en entenderlo y dimitir, sí).
Dice literalmente: «Es incomprensible que Enciso lleve 6 meses en prisión sin poder defenderse y sin saber de qué se le acusa». Lo que es incomprensible es que Enciso lleve seis meses sin dimitir solo porque en todo su partido o entorno no haya nadie que sepa qué significan palabras como "blanqueo de capitales, malversación de caudales públicos, cohecho, tráfico de influencias y falsedad en documento mercantil". Seis meses en los que, recordemos, él y todos sus concejales siguen cobrando dinero de un Ayuntamiento que está endeudado hasta el frontispicio del templete del escudo.
Añez miente descaradamente cuando dice que Enciso está «sin poder defenderse, y sin saber de qué se le acusa exactamente, sin poder dar explicaciones», cuando todos sabemos que ha declarado varias veces ante la jueza, asistido por su abogado Francisco Torres -a lo mejor en eso de la nefasta defensa algo de razón lleva Añez- e, incluso, ha sido atendido por la Audiencia Provincial en su petición de libertad
Pero vayamos al meollo. Al principio pensé que confesaba cuando decía «la extrema derecha», porque está bastante establecido que el PAL y su política populista, rallana entre el caciquismo y la admiración declarada por el régimen franquista de alguno de sus miembros son la extrema derecha en El Ejido, pero no, porque seguía con «y la extrema izquierda se han unido para acabar con el equipo de gobierno y conseguir el gobierno del Ayuntamiento sin esperar a las elecciones. Quieren entrar por la puerta de atrás. No les importa El Ejido ni los ejidenses. Sólo buscan réditos políticos». Que aparte de darme un ejemplo gratuito de ese populismo caciquil-fascista del que hablaba ahorrándome tener que tirar de hemeroteca (porque yo soy así y me gusta soportar mis afirmaciones sobre hechos reales, no como a él, que es más de imaginarse realidades alternativas); deja bien asentada esa incapacidad que tiene para asumir la realidad. Los que él llama extrema derecha son el PP, y la extrema izquierda es IU. No puedo decir que estos partidos sean inmiscibles, tenemos el claro precedente de la famosa "pinza" del 96, que todo el mundo entendió y que estaba motivada por estar los dos enfrentados a... ¡La corrupción!
Así pues, podemos creer que PP e IU tienen un objetivo común si este es eliminar la corrupción en El Ejido. De momento este parece ser el camino que llevan sus actuaciones, personados ambos partidos como acusación en el caso. Por cierto, en breve se les unirá el "extremo centro", el tibio PSOE que parece ser que acaba de entender que todas las bofetadas que sus bases les vienen dando desde hace seis meses significaban que nadie quería que siguieran esperando en vez de actuar. En fin, volvamos a la frase de Añez. Ha asumido que todos los grupos políticos han hecho frente común contra la corrupción, personificada en el PAL y su Gobierno.
Como todos sabemos que la Policía Nacional por donde entró al Ayuntamiento fue por la puerta delantera, no sé a qué oscuros e íntimos deseos está haciendo referencia Añez con eso de "por la puerta de atrás", pero como ni es delito ni engorda, nos importa poco que lo haga. De hecho, si por lo que fuese él también acaba en la cárcel, al menos podemos alegrarnos de que una de las actividades que allí se realizan sí le divierte y entretiene.
Lo que sí entendemos es que, dado que asume que las acciones de los demás partidos están encaminadas a "obtener el Gobierno del Ayuntamiento" y que esto sería para gobernarlo "sin importarles El Ejido o los ejidenses", es obvio que esa ha sido su intención política y la de su partido en todo momento. José Añez es una persona sin imaginación ninguna, incapaz de comprender un texto básico como "blanqueo de capitales, malversación de caudales públicos, cohecho, tráfico de influencias y falsedad en documento mercantil", así que es imposible que se haya inventado esas intenciones con las que acusar a sus enemigos políticos: simplemente hace memoria de lo poco que sabe de política. Si la trayectoria del PAL, su gestión y sus resultados fueran otros, a lo mejor pensaría que no es así, pero las evidencias están ahí. Así pues, es normal que tema que otros lleguen al poder con las mismas intenciones que ha aplicado él (no porque le importe el derrumbe, sino porque no será partícipe de ello).
A todo esto quisiera añadir la cuestión de ¿qué clase de beneficio puede tener el próximo Gobierno de El Ejido? Porque si aplicamos algo de lo que hemos aprendido de esta situación, sucederán dos cosas: 1) que aunque no lo reconozcan del todo, El Ejido está endeudado hasta las cejas y va a ser un Ayuntamiento ingestionable; y 2) que los vecinos vamos a estar mucho más atentos con la gestión económica que haga.
Sobre que Añez y Cantón hayan visto una pauta en el proceso contra Enciso y adláteres, de momento podemos hacerles palmitas. Muy bien, esa pauta se llama "Investigación judicial de la Fiscalía Anticorrupción". Y es una estrategia establecida que se pone en marcha cuando se detectan posibles delitos de corrupción por parte de cargos públicos para, efectivamente, erradicarla. Lo de que Juan Enciso no vuelva a ser Alcalde -si se demuestra su culpabilidad-, es uno de los objetivos fundamentales de ese proceso.
Eso es lo básico, el resto, pronto.
lunes, 12 de abril de 2010
Observatorio de la prensa almeriense: TelePrensa la clava
Podéis verla aquí. Aunque he hecho captura de pantalla porque el código de autentificación no siempre será el mismo (espero que como es la única inteligencia periodística que existe en dicho portal, siga profundizando y saque conclusiones aún más mordaces):

** Normalmente cuando el poder se lo disputan entre tres se les llama triunvirato, pero etimológicamente me resulta imposible considerar viri a los que lo conforman. Así pues, me quedaré con el hecho significativo de las mordidas que llevan trincadas y seguiré llamándoles tridente.
lunes, 15 de marzo de 2010
¿Y esto quién lo arregla?
Aparte de otras consecuencias derivadas, como la pérdida completa de dignidad de la clase política ejidense, con concejales y concejalas dedicados a limpiar las paredes del pueblo; la pérdida total de credibilidad de unas instituciones que permiten que una imputada siga cobrando su sueldo como funcionaria del Ayuntamiento o que se niegan a la disolución del ayuntamiento; o la pérdida de libertades individuales de los ciudadanos, que nos hemos vistos inmersos en una película de espías tontos con asalariados del Ayuntamiento comentiendo una serie de delitos sobre los que se nos ha recomendado no dar más pistas por aquí; aparte de todo eso y mucho más, sobre lo que ya hablaremos otro día, la situación nos ha traido unas serias consecuencias en lo económico.
Hoy solo vamos a sumar los sueldos: entre el alcalde preso que no ha dimitido, los quince concejales que están haciéndole los coros y los llamados "cargos de confianza", puestos a la cabeza de los medios de comunicación ejidense para dedicarse, dirigidos desde la Concejalía del Poder Trino, a cometer actos que van desde la injuria y las calumnias a todos los ciudadanos que no transigimos con el régimen de choriceo instaurado y nos atrevemos a señalarlo a las claras hasta otros aún más viles, como la manipulación, la mentira y el engaño e, incluso, algún delito que otro.
Ejidense, cada mes que pasa al Alcalde le pagamos unos 8.000 euros.
Ejidense, cada mes que pasa a los concejales les pagamos unos 67.500 euros.
Ejidense, cada mes que pasa a los voceros canallas les pagamos unos 20.000 euros.
Tan solo desde que Enciso entró en prisión llevamos pagados 561.000 euros en sueldos a esta gente. Casi cien millones de pesetas (93,687.000 ptas), repito: solo en sueldos a esta gente en los últimos seis meses.
Esos seis meses en los que los ejidenses hemos estado apretándonos el cinturón, mirando hasta el último céntimo para comer y pagarlo todo, pagando los impuestos municipales, viendo como nuestras calles se inundaban una y otra vez por ausencia de infraestructuras adecuadas ante las avenidas de agua, esos seis meses maravillosos que llevamos disfrutando de una economía tan bollante, los hemos pasado pagándoles a estos señores 561.000 euros como premio por el trabajo tan bueno que han hecho, al menos presúntamente, robándonos o dejando que nos roben.
*Si se muere en la cárcel, recomendamos al alcaide que no entierre su cuerpo en el patio, sino que lo incinere, no vaya a ser que le encasqueten otra multa más después de lo de la burra. Hay que ser inútil...